Por: Juan Francisco CORREA HIGUERA, O.P.
Director de la División de Ciencias de la Comunicación y la Creación
Andrea Jaramillo Caro, periodista de la sección cultural de El Espectador, señaló el pasado 14 de marzo en uno de sus textos que “el crecimiento en popularidad en la tendencia de asociación de los colores a géneros [v.g.: del azul para los hombres y el rosa para las mujeres] luego de la Segunda Guerra Mundial tiene un trasfondo económico, pues esta división evitaba que se heredaran piezas de ropa entre familiares de sexo diferente, lo que incrementaba las ventas para diseñadores, fabricantes y minoristas de ropa infantil”. La asignación de colores por género, como muchas otras convenciones socioculturales, no siempre ha sido como la conocemos hoy. De hecho, es también el resultado de estrategias comerciales y publicitarias.
Ahora bien, sin temor a desengañar a nadie, el “día del hombre”, cuya popularización es reciente, responde a la misma lógica comercial. Si había un día internacional de la mujer, ¿por qué no crear un día del hombre? Más aun, teniendo en cuenta lo que esto significa en términos comerciales. Y creo que, sin pretender aguar la fiesta, no hay analogía posible entre ambas conmemoraciones. El día internacional de la mujer, más que una celebración, es una resistencia sostenida en el tiempo, surgida de aquellas obreras de una fábrica de Nueva York que perdieron su vida durante una manifestación en 1857. Esta resistencia nutre la lucha por los derechos de las mujeres, el reconocimiento de su dignidad y la valoración de sus talentos y capacidades. En última instancia, busca construir ambientes más igualitarios para todos.
El día del hombre, por su parte, no tiene un historial ni un contenido comparables. Se celebra, como ya fue señalado, por intereses que a la base son eminentemente comerciales. La fecha ha sido escogida como una extensión de la fiesta litúrgica de san José, esposo de la virgen María. Con el tiempo, se le ha dado un contenido más aceptable, movilizando ideas a favor de la salud masculina y de la lucha contra las desigualdades de género.
Para este 19 de marzo, les propongo que demos un contenido más comprometido a esta conmemoración. La fiesta de san José sirve aquí también de paradigma. Personaje de bajo perfil – al menos según lo que dejan registrado los evangelios –, el esposo de María se caracteriza por dos valores: la confianza que pone como fundamento para la construcción de su familia y su capacidad de leer códigos y lenguajes poco comunes, incluso marginales o desacreditados.
La promesa matrimonial de José y María atraviesa una prueba de fuego cuando, de la manera menos esperada, María se ve enfrentada a su embarazo. Más allá de cualquier consideración teológica, hay un detalle en el relato del evangelio de Mateo (1,18-25) que resulta profundamente significativo: José, convencido de que ha sido traicionado, decide repudiar en secreto a María. Sabe, además, que si la presunta traición se hace pública, sería razón para una posible exclusión social, o incluso para la muerte de su esposa. Sin embargo, el futuro por el que apuesta es el de la confianza: conoce a María, ha decidido construir con ella un proyecto y sabe que ese futuro puede tener sentido en la medida en que sepa confiar. Al fin y al cabo la confianza es la base de todo contrato social.
Por otra parte, este salto de fe, esta construcción deliberada de confianza, son impulsados por la revelación que tiene José durante un sueño. Un ángel le habla y le da luces sobre lo que podría hacer. Hay algo profundamente poético en este relato. El caso es que José decide creer en él, a pesar de lo inhabitual del mensaje, del mensajero y de la manera como se le presenta. Con la aceptación de este lenguaje angelical, totalmente nuevo y totalmente diferente, acepta también el embarazo de su esposa, lo que va a significar, a la larga, en la aceptación de un proyecto que sobrepasa a los dos: aquel de la encarnación del mismo Dios.
Confianza y apertura hacia el otro. Dos valores que pueden dar un verdadero significado al Día del Hombre, en lugar de ser una réplica comercial del Día de la Mujer.