Por fray Juan Pablo Romero Correa, O.P. - Promotor de Justicia y Paz.

Hemos regresado al Catatumbo. Nos reciben mujeres que han decidido creer. Creer que el trabajo compartido transforma, que el tiempo da fruto y que las causas sembradas con paciencia terminan floreciendo. Esta vez iniciamos el encuentro con preguntas sencillas, pero profundamente humanas: ¿Qué te mueve cada día?, ¿Qué te inspira a comenzar de nuevo cada mañana?, ¿Qué te conecta con la vida?

Las respuestas han sido distintas, pero todas han apuntado al mismo camino: seres humanos, con historias concretas. Porque detrás de cada proceso hay nombres, manos y sueños que merecen ser contados. Durante años, la obra del Catatumbo —inspirada en la misión de los frailes dominicos— ha tenido un propósito claro: permanecer. Estar ahí. Escuchar. Acompañar. Hacer visibles los rostros que construyen esperanza incluso en medio de los contrastes.

Hemos encontrado mujeres y hombres que cada mañana vuelven a empezar. Campesinos, indígenas, niños, niñas, familias enteras que han convertido la resistencia en una forma de esperanza y el trabajo colectivo en una forma de futuro. Entre esas historias, hoy queremos detenernos en una especialmente poderosa: la de las asociaciones de mujeres del Catatumbo. Han pasado ocho años de encuentros, aprendizajes y construcción compartida. Ocho años sembrando oportunidades. Ocho años demostrando que cuando la tierra encuentra manos fecundas, florece.

Hoy regresamos para fortalecer ese tejido. Un tema será centro de conversación durante estos días: La personalidad de marca, es decir, las características y rasgos humanos que se le asignan estratégicamente a una empresa, producto o servicio. Queremos que los frutos de este camino lleguen más lejos. Que encuentren nuevos públicos. Que conecten con consumidores que buscan algo más que un producto: buscan historias auténticas, relaciones duraderas y causas que valen la pena acompañar. Porque construir marca también significa construir vínculos. Detrás de cada iniciativa hay identidad, propósito y personas que desean ser reconocidas por lo que hacen y representan. Productos que cada vez que lleguen al consumidor final, cuenten una historia de resiliencia, mujer y territorio.

En este camino, el programa Pieles Vivas SANTOTO continúa sumando voluntades para hacer posible una misión que no conoce fronteras. A esta causa se integran también los programas de Marketing y Publicidad de la Fundación Universitaria Internacional de La Rioja – UNIR, junto con las facultades de Mercadeo, Cultura Física, Psicología, Gobierno y Derecho de la Santoto.

Cada aporte cuenta. Cada encuentro deja huella. Cada historia transforma. Porque creemos que ningún esfuerzo es pequeño, hoy volvemos a decirlo: Cada grano aporta más.

La invitación está abierta: Tomar el remo y remar juntos.

 

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