Ya se cumplen 1.461 días de una guerra que trasciende fronteras. Cuatro inviernos han pasado desde que comenzó la invasión de Rusia a Ucrania, y en ese tiempo la vida de millones de ucranianos se ha convertido en una lucha por sobrevivir. Familias enteras han tenido que abandonar sus hogares, niños han crecido en refugios improvisados y ciudades enteras han quedado a oscuras en medio del frío. Las cifras estremecen: 15 mil civiles muertos solo en 2025, un aumento del 26% respecto al año anterior; 6,7 millones de refugiados y 3,7 millones de desplazados internos. Durante el invierno de 2025-2026, millones quedaron sin calefacción bajo temperaturas bajo cero, tras ataques sistemáticos contra la infraestructura energética.
Se trata de una realidad que por más lejana que parezca, exige nuestra atención, aun cuando pareciera ir dejando de ocupar titulares. Por eso, este miércoles 25 de febrero, un día después de cumplirse cuatro años de esta guerra, las Embajadas de Dinamarca, Finlandia, Polonia y Suecia, en alianza con la Universidad Santo Tomás de Colombia, organizaron el conversatorio “Cuatro años de la invasión: Ucrania a través de ojos colombianos”. El encuentro reunió al escritor Héctor Abad Faciolince, la editora internacional de Red Más Noticias, Ana María Rodríguez, y la profesora Angie Arenas, en diálogo con el profesor Federmán Rodríguez.
Los panelistas compartieron cómo esta guerra ha marcado sus vidas, de qué manera interpela a Colombia y por qué sigue siendo profundamente relevante. La conversación puso de relieve que lo que ocurre en Ucrania no es un asunto lejano: es un ataque directo a principios universales como la soberanía, la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza para cambiar fronteras y es un ataque a la humanidad.
“La mirada de Colombia es muy importante: Colombia es un país que sabe, quizá mejor que muchos otros, lo que significa atravesar años difíciles, y también sabe lo que implica reconstruir —a veces desde el dolor, a veces desde el miedo, pero casi siempre desde la esperanza. Por eso, aunque esta guerra ocurra a miles de kilómetros, sus consecuencias humanas no deberían parecernos ajenas. Hablamos de familias separadas, de comunidades que se resisten a perder su identidad, de personas que, aun en medio de la incertidumbre, siguen buscando un mañana posible. En ese espejo, los colombianos pueden reconocerse mucho y enseñar mucho. La resiliencia no tiene nacionalidad”, señalaron los organizadores.

Al evento asistieron la comunidad estudiantil, periodistas, comunidad internacional y público general. El mensaje fue claro: no podemos olvidar esta guerra. La defensa de estos valores es esencial para la estabilidad internacional, y exige solidaridad y acción urgente desde todas las sociedades democráticas.