Este es un espacio de la Dirección de Humanidades que está pensado para los verdaderos amantes de las letras. La Escuela de lectura, escritura y oralidad de Humanidades (ELEO) ya abrió sus puertas, así que olvídate de la lectura solitaria; es hora de vivir la literatura de otras maneras, explorar historias, debatir ideas fascinantes y lo mejor de todo, conocer nuevos amigos.
La invitación circuló como suelen circular las cosas importantes: sin demasiadas explicaciones. Era miércoles en la tarde y una casa victoriana —de esas que sobreviven por terquedad en medio de la ciudad—, hoy convertida en una de las librerías independientes más bellas de Bogotá, se preparaba para recibir en su altillo a quienes atendieran el llamado:
únete a la Escuela de Lectura, Escritura y Oralidad, ELEO
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Nadie sabía muy bien qué era ELEO. Estudiantes y amigos de estudiantes, profesores, colegas de otros trabajos, exnovios que ya eran otra cosa, arrendatarias, curiosos profesionales de la duda. Gente que no buscaba respuestas sino un lugar donde hacerse preguntas sin pedir permiso, sin listas, sin notas, sin protocolos más allá del compartir un hobbie entre parceros.
Se sentaron en círculo. Como en los aquelarres, como en ciertas ceremonias que no han perdido del todo su carácter ritual. Solo que, en lugar de hoguera, hubo una botella.
—Vamos a jugar pico botella —dijo el portavoz.
Las risas intentaron cubrir el nerviosismo. Cuando quedó claro que no era una broma, el silencio cayó con disciplina litúrgica.
—Pero solo con preguntas. —¿Qué tipo de preguntas? —Las que quieran.
Entonces comenzaron a girar: ¿qué es lo que más deseas?, ¿a qué le tienes miedo?, ¿qué te han hecho tus padres que no perdonas? Preguntas no para lucirse, sino para abrir grietas. Y las grietas aparecieron. Las risas se quebraron en temblores, los silencios se volvieron confesiones y los abrazos comenzaron a darse como si siempre hubieran estado allí, esperando. Sin anunciarse, nació una camaradería densa, casi secreta, como si el altillo hubiera decidido cerrarse sobre quienes lo habitaban. ELEO no se explicó esa tardenoche. Se encarnó.
Después vino la lectura. Dos poemas puestos a dialogar como dialogan dos cuerpos que se reconocen enemigos y aliados. Jaime Sabines y
Los amorosos
, esas criaturas escorpinas, heridas y encantadas. Luego otro poema que ofrecía una versión menos edulcorada: el amor no es jaula sino alas, no encierro sino posibilidad. En las retroalimentaciones alguien dijo —y nadie lo contradijo— que allí había una magia represada, una energía que solo podía liberarse mediante un ritual como ese.
Ubicación
Librería Wilborada 1047, Calle 71, Bogotá
Los docentes Pablo Triana y Laura Ruiz lideran esta iniciativa académica y si deseas mas información puedes seguir de la cuenta de Instagram de Humanidades (aquí) .
📚En la Santoto la magia de la lectura nos lleva más allá de nuestros límites🪄