>>¡Bienvenidos tomasinos a una nueva entrega de los “Melos”! Entre notas musicales, cantos y una espiritualidad en completa armonía, se desarrolla un talento increíble ¿quién dijo que lo espiritual y el arte no pueden bailar al mismo ritmo? Conozcamos a Fray Rodolfo Toro Gamba, O.P., Coordinador de la Dirección de Evangelización y Cultura de la Santoto, nuestro Fray "Melo".
Cuéntanos un poco, ¿cómo fue ese acercamiento a la música?
Desde que era muy pequeño, sentí una gran fascinación por la música. Mi mamá me contaba que, cuando estaba embarazada de mí, solía poner una grabadora con música clásica en su vientre porque le habían dicho que eso ayudaría de alguna manera en mi desarrollo. No sé cuánto influyó realmente, pero lo cierto es que desde que tengo memoria, la música ha sido parte de mi vida.
Uno de mis recuerdos más tempranos es pedirle a mi papá que me comprara una radio para escuchar dos emisoras en particular la de la Universidad Javeriana y la de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Me encantaba sintonizarlas porque transmitían música clásica todo el tiempo. Era un placer escuchar esas melodías, perderme en los sonidos y dejarme llevar por la armonía de cada pieza.
Con el tiempo, mi interés por la música fue creciendo, y comencé a pedirle a mi papá que me comprara un piano. Sin embargo, en ese momento no era algo posible, tanto por el costo como porque yo aún era muy pequeño. Para compensar, mi papá, que ya era un hombre mayor, me sorprendió con un piano de juguete. Recuerdo que pasaba horas tocándolo, tratando de crear melodías o de imitar los sonidos que escuchaba en la radio. No importaba que fuera un juguete, para mí era una puerta a un mundo fascinante donde podía experimentar con los sonidos y darle forma a mi imaginación.
Cuando cumplí ocho años, mi papá me hizo otro regalo muy especial: una guitarra azul. Con mucha emoción intenté aprender por mi cuenta y, además, una hermana de una parroquia cercana comenzó a darme clases. Sin embargo, mi entusiasmo se vio frenado cuando llegué a la nota FA. Para tocarla, tenía que presionar todas las cuerdas con un solo dedo, y mis manos eran demasiado pequeñas para lograrlo con facilidad. Ese obstáculo me desanimó y decidí dejar las clases. Aun así, la guitarra siempre estuvo conmigo. Aunque no me dedicara a aprenderla formalmente, de vez en cuando la tomaba y experimentaba con sus sonidos, tratando de encontrar mi propio ritmo.
A lo largo de los años, mi pasión por la música clásica nunca desapareció. Ya en la adolescencia, volví a interesarme por la guitarra y comencé a aprender de manera autodidacta. Me sentaba después de clases a ver videos en YouTube, intentando complementar lo que ya había aprendido en el pasado. Poco a poco, fui avanzando y desarrollando más habilidades, permitiéndome comprender mejor la estructura musical y disfrutar aún más de la interpretación.
Mi encuentro definitivo con el piano sucedió cuando ingresé al noviciado, dentro de la orden. Antes de eso, había tenido pequeños acercamientos: aprendí algunas escalas y algo de teoría musical, pero nunca me había dedicado a estudiarlo en serio. Sin embargo, una situación inesperada cambió eso. Durante esa etapa, sufrí un esguince en ambos pies, lo que me impedía participar en las actividades deportivas junto con los demás frailes. Ya que no podía bajar a hacer ejercicio a la hora establecida, tuve que buscar otra forma de ocupar ese tiempo. Fue así como terminé pasando horas frente al piano. Al principio, simplemente tocaba por curiosidad, pero pronto me di cuenta de que mi oído ya estaba bastante desarrollado, lo que me permitió progresar rápidamente.
¿Cómo ha sido tener este talento con tu vida religiosa?
Bueno, ha sido un Pilar fundamental en mi vida religiosa, porque yo creo que la música hace parte de una expresión de la naturaleza, del hombre y a partir de allí, cuando uno puede expresar lo que siente, lo que piensa, lo que vive.
La música siempre sigue un orden, guiada por símbolos y signos. Uno de ellos es el icono sonoro, que, desde la filosofía e incluso desde la teología, puede representar lo que está ocurriendo en el interior del ser humano: sus pensamientos, sus emociones, su espiritualidad. En este sentido, la vida religiosa integra profundamente esta dimensión. La música en la liturgia no es solo un acompañamiento, sino una expresión de lo que se vive, se siente y se ora. A veces, logra transmitir lo que las palabras por sí solas no pueden.
En nuestra comunidad, los frailes cantamos todos los días: en la mañana, en la tarde y en la noche, entonamos los salmos en comunidad. Aprender esta práctica no solo me permitió profundizar en mi vida espiritual, sino que también me ayudó a desarrollar nuevas habilidades y descubrir otras potencialidades.
Aunque mi formación académica es en Filosofía y Letras, mi camino profesional me ha llevado a enseñar música mucho más que filosofía. He tenido la oportunidad de dar clases en la Conferencia de Religiosos de Colombia, formando a religiosos de todas partes. También fui profesor en el noviciado de la provincia durante tres años, donde mi enseñanza se centró en la música. Además, desde hace ocho años, he asumido la dirección de la Schola Cantorum de la provincia, un rol que me ha permitido seguir cultivando y compartiendo esta pasión.
Pero mi aprendizaje no se limitó solo a tocar un instrumento o a interpretar música. De un momento a otro, el fraile que estaba a cargo me dijo: "A partir de mañana, usted será el director del coro". Así, sin previo aviso, me encontré en la necesidad de aprender a leer partituras y a dirigir un coro prácticamente a los golpes. No tenía ninguna experiencia en dirección coral, y al principio me daba mucha pena mover los brazos frente a los demás. Me sentía insignificante comparado con los grandes directores que había visto antes.
Sin embargo, con el tiempo, fui adquiriendo las habilidades necesarias. Poco a poco entendí la simbología detrás de los movimientos de las manos y cómo estos servían para guiar a los cantantes. La práctica y la experiencia me ayudaron a desarrollar confianza, hasta el punto en que dirigir un coro dejó de ser un desafío intimidante y se convirtió en una parte fundamental de mi camino en la música.
Y pues eso se ha dado a lo largo de mi vida religiosa, yo no he podido conseguir concebir la vida religiosa sin la música. Tuve la oportunidad de salir del país, estuve en Italia aprendiendo un poco el italiano. Pero también toda la centralidad fue mirar la música, estar en las celebraciones con el Papa, mirar todos los los instrumentos. A mí me fascina el órgano de tubos. Entonces, mirar todo el tiempo estos órganos en las grandes catedrales para mí ha sido significativo y ha ayudado muchísimo en la forma de expresión de mi vida religiosa.
Creo que la música también se ha convertido en una fuente de inspiración en la forma de orar y de comunicarme con Dios. En este sentido, el órgano, por ejemplo, es considerado el rey de todos los instrumentos. El Papa Francisco ha hablado sobre esto en varias ocasiones, pero fue el Papa Benedicto quien destacó que el órgano tiene la capacidad de generar sonidos que van desde la suavidad de una flauta o el piano más delicado, hasta los pasajes más potentes, incorporando instrumentos como el oboe, entre otros. Todo esto se ha convertido en una expresión particular que ha acompañado mi vida religiosa, especialmente en los últimos tiempos.
Yo tuve la oportunidad de conocer, de hablar y de compartir con uno de los autores de música sacra, justamente en en Italia, que es el el director de la Escuela Cantorum de de la diócesis de Roma, Monseñor Marco Frisina. Con él tuvimos la oportunidad de de hablar, de crear algunos algunos lazos y de compartir algunas cuestiones vocacionales. Sobre todo hay un canto que si quieren escucharlo en algún momento, se llama Madre fiducia nostra, que traducido al español es madre, Tú eres nuestra confianza. Que a mí, particularmente ese canto, aún cuando no sabía, no entendía nada en italiano. Era un canto, que su melodía me me me transmitía confianza y que la traducción es justamente esa, tú eres nuestra confianza, tú eres nuestro amparo, etcétera. Entonces, vida vocacional en torno a la música ha sido fenomenal.
¿Cómo la Santoto te ha apoyado o ha brindado espacios para desarrollar tu talento musical?
Bueno cuando yo llegué a la Santoto, hay que decir que han sido varias etapas. Primero, estudiante de filosofía, estudiante de teología, soy tomasino. Entonces estudié la licenciatura en Filosofía y Letras en la Santoto, una de las cosas fue poder adquirir las herramientas y los argumentos para poder defender la música desde la filosofía como una parte, no solo desde la estética, sino también desde la lingüística, desde el poder comprender cómo los sentimientos pueden ser impulsados y dirigidos no solamente por la palabra, sino también a través de de la música.
En segundo lugar creo que la Universidad ya ahora como como coordinador de de la Dirección de la Evangelización y Cultura, pues en las misas en las celebraciones litúrgicas ha sido ha sido fundamental. Yo ahorita he querido junto con mis hermanos mirar la la idea de de montar también un coro para la Universidad, que podamos tener un coro polifónico, que podamos cantar no solamente en español o cuestiones digamos que ya son conocidas, sino explorar otros ámbitos que nos permita también desenvolvernos en esta cuestión que nos pueda servir para alguna presentación. Pero que también podamos glorificar a Dios en las celebraciones eucarísticas de la Universidad que que tiene a nivel general o también en en algunas de las de las sedes, pues puedan ser alimentadas por por el coro de la Universidad.
Entonces ese ha sido algo en lo que se ha sentido el apoyo. Las ideas no solamente han sido mías, sino que algunos frailes se han acercado y me han dicho, mire, la Universidad en este momento no tiene coro. Entonces también ha sido como una responsabilidad de ir merando ir pensando qué se puede hacer a nivel musical, a nivel artístico, pero también a nivel espiritual, porque pues es que para mí la música no es nada, sino tiene un componente espiritual.
Deja un mensaje para la Santoto
Bueno, dos cosas, San Agustín de Hipona, Santo, pero también un filósofo de la Edad Media, tiene una particularidad y es que tiene un tratado sobre la música, se llama "Sobre la música". Allí lo que hace Agustín es poner la música, como también asemejarlo a la vida. Cuando uno hace un acorde en la música, necesita de 3 tonalidades, de 3 notas, y esas notas deben estar siempre acorde entre sí. Entonces lo primero es que la música no se trata de una cuestión de momento, sino de de organización de la vida. La música ayuda cuando tú escuchas lo que te gusta, lo que te sabe, eso te cambia una perspectiva del día.
La música puede cambiar los sentimientos de un momento a otro. Entonces, primero aprender a escuchar y aprender a elegir qué tipo de música, porque no toda la música sirve, por ejemplo, para afinar el oído. No toda la música sirve para bailar en una fiesta en la noche. Entonces, tratar de comprender cómo la música hace parte de la vida y cómo la música también puede ser una forma de expresión.
Hace unos días, hablando con un Fraile reconocíamos, por ejemplo, yendo a a casa, íbamos en el carro escuchando canciones que se nos venían a la mente y una de las particularidades que veíamos es que la música colombiana está plagada fenomenalmente de poesía. Entonces escuchar a Garzón y Collazos escuchar toda esta música de cuerdas es poesía pasada a la música, entonces ¿qué quieres expresar? Y a partir de lo que quieras expresar, puedes mirar también cuáles son tus habilidades.
Lo segundo y más importante, es que no hay una edad límite para que tú quieras aprender o puedas aprender, o a cantar o a tocar un instrumento, sino que, por el contrario, son cuestiones que requieren de disciplina. Y la disciplina se tiene a cualquiera, a cualquier momento de la vida. Entonces no, no sobran las ganas, pero muchas veces falta la disciplina y a veces está la disciplina, pero no sabemos muy bien cómo orientarnos.
También la música requiere de que pasemos por momentos de pena. Y esto también nos hace humildes. ¿La música puede ayudar a alimentar las virtudes del hombre? Esto es muy de Santo Tomás. Pero sobre todo, tener en cuenta que. Hay momentos en los que la pena va a estar, hay momentos en los que la dificultad va a estar, en que no quise aprender un FA porque había que poner el dedo de otra manera. Pero la misma música se va soltando en la medida que le vas comprendiendo que no se trata de una cuestión solamente técnica de presionar 3 teclas, sino de que va más allá de eso, de que el sonido de una nota ya transmite alegría o tristeza.
Por eso últimamente han hecho estudios sobre las ondas Alfa, las ondas Beta, sobre la música electrónica cómo transmitir algunas vibraciones, etcétera. Cuando uno mira los acordes están los acordes mayores, acordes, menores, estos van transmitiendo también de alguna manera algún tipo de melodía. Yo le digo a los novicios cuando estamos aprendiendo a cantar. No es lo mismo cantar un salmo de júbilo con un tono triste a un salmo de alegría realmente alegre o a un salmo que está pidiendo perdón con un tono que implique. Es la música, va a requerir que la expresión del corazón salga y brote y hay que dejarla brotar, como cuando te sientas a escribir una poesía. Al principio te va a dar pena que los otros lean la escuchen, pero va a ser particular que tú poco a poco vayas experimentando.
¿Cómo hacerlo? Yo solamente quiero decir algo que hace parte del lema de la Dirección de Evangelización y Cultura y es Hazlo es tu tarea. Hacerlo implica dejar atrás pena, miedos y ponerse en marcha, hacer algo particular. Entonces esa es la invitación, queridos Melos, para que podamos. Ir avanzando no solamente a través del arte de la música, sino a través de cualquier don talento que tú creas que tiene.
📸 Instagram: fray.rodolfo.torop