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Impacto económico del cierre del estrecho de Ormuz

Escrito por Dirección de Comunicaciones | Mar 4, 2026 2:28:50 PM

Imagen tomada de Valora Analitik

Miguel Antonio Alba Suárez, docente de la facultad de Negocios Internacionales*

El impacto económico derivado del cierre del Estrecho de Ormuz y de un eventual escalamiento del conflicto geopolítico se reflejaría, en primera instancia, en el índice de aversión al riesgo (VIX). Este indicador funciona como un termómetro de la incertidumbre financiera global, ya que captura la volatilidad implícita esperada a 30 días del S&P 500, calculada a partir de los precios de las opciones. Actualmente, el VIX se ubica en niveles cercanos al 21,4%, lo que sugiere un entorno de incertidumbre elevada por parte de los mercados internacionales tras los acontecimientos registrados el fin de semana anterior. En caso de que el conflicto bélico se prolongue o escale, el indicador podría aproximarse a los niveles observados en abril de 2025, cuando alcanzó el 50% como consecuencia de las tensiones comerciales y las medidas arancelarias adoptadas por la administración Trump, evidenciando un episodio de estrés financiero significativo.

Figura 1. Índice Global de la Cadena de Suministro, Gasto Personal al Consumo, Política Monetaria Estadounidense (FED) e índice de aversión al riesgo (VIX).

 Fuente: Pantallazo de la plataforma Bloomberg 3-marzo-2026

El cierre del Estrecho de Orduz también tendría implicaciones directas sobre el el índice global de la cadena de suministro(GSCPI=Global Supply Chain Pressure Index). Este indicador integra variables como los costos del transporte marítimo y aéreo, los tiempos de entrega y los niveles de congestión portuaria, constituyéndose en una medida sintética de las tensiones logísticas globales. Actualmente se encuentra alrededor de 0,4 desviaciones estándar, un nivel relativamente moderado; sin embargo, un bloqueo prolongado podría impulsarlo hacia rangos de entre 1,5 y 2,5 desviaciones estándar, acercándose a los registros observados durante la pandemia. Tal escenario resultaría adverso para la economía mundial, no solo porque incrementaría los costos de producción y distribución, sino porque el GSCPI es un referente relevante para la Reserva Federal en el análisis de presiones inflacionarias derivadas de cuellos de botella logísticos. En consecuencia, su deterioro funcionaría como un indicador adelantado de mayores tensiones en los precios internacionales.

Otro indicador clave seguido por los mercados internacionales es el gasto personal al consumo (PCE “Personal Consumption. Expenditures”) que constituye la métrica de inflación preferida por la Reserva Federal. Este índice refleja tanto un canal directo —a través del impacto de la energía (gasolina y servicios públicos) y el transporte— como un canal indirecto, que incluye el comportamiento de los precios de alimentos, bienes durables y servicios vinculados al transporte aéreo y marítimo. Si el cierre del Estrecho de Ormuz se prolongara, el PCE podría superar el umbral del 3% actual y escalar hacia tasas interanuales cercanas al 4% o 4,5%. Una trayectoria de esta naturaleza implicaría presiones inflacionarias adicionales y podría inducir una postura más restrictiva por parte de la Reserva Federal, particularmente si se observa riesgo de persistencia o desanclaje de expectativas.

En lo que respecta a la política monetaria estadounidense, con una tasa de referencia (FDTR) ubicada en 3,75%, la autoridad monetaria enfrentaría el clásico dilema de estanflación. Si el shock fuese transitorio y limitado a un horizonte de entre dos y cuatro semanas, la Reserva Federal podría optar por mantener su postura y mirar a través del evento, considerándolo un choque temporal de oferta. No obstante, si el conflicto superara las seis semanas, la combinación de inflación en ascenso y desaceleración del crecimiento económico configuraría un entorno más complejo. En tal escenario, la Fed podría verse inclinada a mantener tasas elevadas por un período prolongado, evaluando cuidadosamente la reacción del mercado laboral y el eventual desanclaje de las expectativas de inflación, factores determinantes para la credibilidad de la política monetaria.

Finalmente, el mercado prestaría especial atención a la evolución de las primas de riesgo, particularmente al comportamiento del índice de aversión al riesgo. El cierre del Estrecho de Ormuz podría configurarse como un shock sistémico caracterizado por una restricción de oferta energética, un colapso logístico parcial y un incremento sustancial del precio del petróleo, potencialmente hacia niveles de 100 dólares por barril. Este escenario implicaría un aumento en las primas de riesgo globales y una transmisión directa hacia mayores presiones inflacionarias, deterioro de balanzas externas en países importadores de energía, políticas monetarias más contractivas y un incremento del riesgo financiero global. En última instancia, el punto de quiebre dependerá fundamentalmente de la duración y profundidad del fenómeno, ya que la persistencia del shock determinará si se trata de un episodio transitorio de volatilidad o de una alteración estructural del equilibrio macroeconómico mundial.

*Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente el pensamiento ni la postura institucional de la Universidad Santo Tomás.