En el marco de la estrategia Santoto Vibes, y bajo la línea Detox, se llevó a cabo la caminata ecológica a la Quebrada “La Vieja”, una experiencia formativa y espiritual que integró cuerpo y mente en un mismo recorrido. La jornada, organizada por Bienestar Institucional, la Dirección de Graduados y la Dirección de Evangelización y Cultura, reunió a estudiantes, graduados y colaboradores en torno a una propuesta que invitaba a desconectarse del ritmo cotidiano para reconectar con lo esencial.
Desde las siete de la mañana, los participantes iniciaron el ascenso con entusiasmo, asumiendo el reto físico como una oportunidad para el encuentro personal y comunitario. A lo largo del recorrido, se propusieron momentos de reflexión inspirados en la vida de Pier Giorgio Frassati, quien supo armonizar su pasión por la montaña con una profunda vida espiritual; su testimonio motivó a los asistentes a vivir la caminata no solo como ejercicio físico, sino como camino interior.
La experiencia estuvo enriquecida por la presencia de guías ambientales, quienes ofrecieron valiosas explicaciones sobre el ecosistema del sector, especialmente en lo relacionado con las quebradas y la importancia de su conservación. Este componente permitió sensibilizar a los participantes sobre el cuidado de la casa común, en sintonía con una ecología integral que reconoce la interconexión entre el ser humano y la naturaleza.
Además del componente ecológico y espiritual, la caminata propició espacios de integración fraterna, donde el diálogo, el acompañamiento y la solidaridad se hicieron visibles en cada tramo del camino. El esfuerzo compartido fortaleció los lazos comunitarios y evidenció que la experiencia universitaria trasciende el aula y las oficinas, abriéndose a escenarios donde la vida se aprende y se celebra en comunidad.
La jornada concluyó cerca del mediodía, dejando más que un recuerdo: una invitación concreta a vivir con mayor profundidad y sentido. Inspirados en el lema de Frassati, “Verso l’alto” (hacia lo alto), los participantes regresaron con el desafío de orientar su vida hacia metas más elevadas, cultivando no solo el bienestar físico, sino también una espiritualidad encarnada que se expresa en el compromiso cotidiano, el cuidado del otro y la búsqueda constante de lo trascendente.